domingo, octubre 8

Agendarte n° 91 año II







NUESTRA GUERRA DE ESPAÑA

En el inquietante escenario de los años treinta, la Guerra Civil Española
fue trinchera crucial de la pugna entre fascismo y antifascismo. Setenta
años después, la intensidad con que todavía nos conmueve, la revela también
como el más pasional de los conflictos que sacudieron al siglo XX. Así lo
vivió el mundo y así lo vivieron, también, los uruguayos. Esta muestra
pretende evocar aquella movilización.

La muestra, curada por Milita Alfaro y Cecilia Pérez Mondino, permanecerá
abierta al público hasta el sábado 30 de diciembre de 2006.

A continuación, el texto de las curadoras:

Confirmando las palabras de Pierre Vilar cuando sostiene que "la España de
1936 se convirtió en el centro de las pasiones y decepciones del mundo", la
profunda huella con que la Guerra Civil Española marcó al Uruguay de los
años 30 ha pasado a la historia como un acontecimiento sin precedentes y
quizás sin parangón en todo nuestro siglo XX. Frente a las inquietantes
señales provenientes de un contexto envuelto en el avance incontenible del
fascismo, la inmensa mayoría de los uruguayos vivió la gesta republicana
como una causa límpida, transparente, sin peros, y desplegó en torno a su
defensa un entrañable movimiento de solidaridad que se destaca en materia de
ayuda, incluso a nivel internacional: si en términos absolutos Uruguay está
ubicado en noveno lugar en los estudios comparativos efectuados al respecto,
en proporción a su población ocupa un significativo primer puesto.

Junto a la urgencia de las definiciones ideológicas y a los lazos históricos
y culturales que desde siempre nos habían unido a España, las claves del
fenómeno remiten a las resonancias locales que asumió el conflicto en el
marco de nuestra propia coyuntura dictatorial donde el temprano alineamiento
del régimen terrista con el alzamiento militar encabezado por Franco
aglutinó masivamente a la oposición en torno a la causa republicana. Fruto
de ello, la pluralidad política e ideológica fue uno de los rasgos más
característicos de aquella fervorosa movilización en la que confluyeron
todos los sectores de la izquierda -socialistas, comunistas, anarquistas-
junto a las fracciones antiterristas de los partidos tradicionales,
identificadas con el batllismo, la Agrupación Avanzar, el nacionalismo
independiente y la Agrupación Demócrata Social liderada por Carlos Quijano.

Sin perjuicio de la actividad desplegada por otras innumerables
instituciones de mayor o menor entidad, el Comité Pro Defensa de la
República Democrática Española -que contó incluso con una publicación
propia, España Democrática- operó como eje central del movimiento de ayuda,
tanto en lo que tiene que ver con su proyección más institucional, como con
el perfil espontáneo, anónimo y cotidiano de la solidaridad que la gente
volcó en su extensa red de comités de apoyo creados en cada barrio
montevideano y en cada ciudad del interior. En ellos, infinidad de mujeres a
lo largo y ancho del país cosieron y tejieron incansablemente para enviar
ropa y abrigo a los combatientes y a los niños españoles; miles de personas
contribuyeron con los 25 centésimos que equivalían a la "ración del
miliciano", o trabajaron diariamente en la organización de actos de muy
variada índole: conferencias, congresos, espectáculos artísticos, bailes
populares, rifas, pic-nics, manifestaciones callejeras, caravanas
automovilísticas, banquetes, campeonatos de fútbol, colectas barriales para
comprar y enviar a España las frazadas que la fábrica de Salvo proveía a
precio de costo, "beneficios" en salas cinematográficas cedidas mensualmente
en forma gratuita por su propietario al comité republicano de la zona... En
medio de la angustia o del entusiasmo generados por las noticias que
llegaban desde el frente de batalla, la magnitud de la ayuda económica con
que los uruguayos quisieron contribuir a la derrota del fascismo fue el
resultado de una tupida trama de solidaridades que contó incluso con el
aporte de los niños, a través de numerosos comités infantiles que
funcionaron en distintos puntos del país.

Igualmente significativa resulta, desde el ámbito de la cultura, la
categórica definición asumida ante el conflicto por la intelectualidad
uruguaya que, salvo raras excepciones, abrazó con devoción la defensa de la
causa republicana. Desde noviembre de 1936 en que adhiere al gobierno de
Madrid, la recientemente creada Agrupación de Intelectuales, Artistas,
Periodistas y Escritores (A.I.A.P.E.) fue el vocero más elocuente del
indeclinable compromiso asumido ante el drama de España por toda una
generación que, a partir de entonces, ya no pudo concebir su labor creativa
al margen de los desafíos ideológicos de su tiempo. Durante la coyuntura
específica de la guerra, esta radical toma de partido se expresó en una
activa militancia, promotora de una infinidad de actividades culturales,
tales como el homenaje que veinte poetas uruguayos tributaran a los de la
República Española en 1938, o la organización de subastas de cuadros en las
que nuestros artistas plásticos donaban el producido de sus ventas a las
instituciones de ayuda. Años más tarde, en las décadas del 40 y del 50, el
exilio español posterior a la derrota se encargaría de enriquecer y
prolongar la hondura de ese vínculo a través de la presencia en nuestro
medio de figuras de la talla de la actriz Margarita Xirgu, los escritores
José Bergamín, Rafael Alberti, María Teresa León, el arquitecto Antoni Bonet
o el ceramista Josep Collell... De alguna manera, para ellos, y también para
muchos uruguayos, la guerra no había terminado.

Pese a que en el calendario el mes de marzo de 1939 marca el fin de la
esperanza republicana, ni los españoles ni la solidaridad internacional
comprometida con su causa lo vivieron así y, al igual que en muchas naciones
fundamentalmente latinoamericanas, en nuestro país la movilización siguió
viva. Gracias a ella, llegaron a nuestra tierra muchas familias españolas
rescatadas de los campos de concentración franceses o de las cárceles del
régimen y, todavía en 1945, la manifestación que bajo la consigna "España
sí, Franco no" reclamó la ruptura de relaciones con la dictadura franquista,
congregó en 18 de Julio a decenas de miles de personas. Para entonces, la
Guerra Civil Española comenzaba a formar parte también de nuestra historia y
su legado ingresaba a la memoria colectiva de los uruguayos como una
referencia entrañable que todavía nos conmueve.

Milita Alfaro y Cecilia Pérez Mondino
Curadoras

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