lunes, junio 5

Agendarte n° 55 año II

Video sobre Juan Manuel Blanes


JUAN MANUEL BLANES
(texto del documental escrito por el arquitecto Gabriel Peluffo Linari)

Entre los años 1825 y 1850, Uruguay busca su perfil de estado republicano. Se logra un tratado de paz regional y se consagra la primer carta constitucional, festejada públicamente frente al Cabildo de Montevideo el 18 de julio de 1830.
Unos días antes había nacido en las cercanías de ese lugar Juan Manuel Blanes, hijo de padre español y madre argentina, quien se destacaría más tarde como el principal pintor e iconógrafo uruguayo del siglo XIX.
Siendo adolescente, en los años de la llamada Guerra Grande, se radica en el campo del ejército que sitiaba a la ciudad de Montevideo. Allí realiza ilustraciones, pequeñas pinturas de paisajes y escenas militares.
La bahía de Montevideo era ya, por entonces, un puerto de gran actividad que recibía inmigrantes entre los que se contaron varios artistas. Algunos de ellos, con estudios en las academias europeas, practican la técnica del óleo, como es el caso del italiano Cayetano Gallino.

Esta técnica cautivará a Blanes. En uno de sus primeros óleos, realizado a los 21 años, muestra ya su atracción por la superficie pictórica del cielo y la luz crepuscular. Es un cuadro que debe también sus influencias al dibujante español -radicado en Montevideo desde 1808- Juan Manuel Besnes Irigoyen, a quien Blanes admiraba por la franqueza de su pintura testimonial.
Con esa iniciación Blanes llega a la provincia de Entre Ríos, donde realiza ocho grandes murales en la residencia del General Urquiza, representando las más importantes batallas libradas hasta entonces por ese líder de la Confederación Argentina. Inicia allí su afán de consagrarse como el pintor de temas americanos.
Pero aún cuando fue esa su gran aspiración, la demanda le llevó a cultivar principalmente el género del retrato donde se plasman fisonomías, gestos y costumbres de la sociedad patricia. Sus ideales morales, su mundo doméstico. Pero también donde Blanes confiesa sus propias inclinaciones afectivas: su sentido de lo erótico, sus pasiones trágicas.

En 1861 obtiene una beca del gobierno uruguayo para estudiar en Italia. Un retrato de grupo registra el núcleo de la familia Blanes en esa época: su mujer María Linari, sus dos pequeños hijos Juan Luis y Nicanor, su anciana madre y su hermano Mauricio, fiel compañero y confidente.
Los estudios en Florencia le permiten adquirir una rigurosa disciplina en torno a las técnicas del dibujo y la pintura, aún cuando mantiene distancia de las reglas más ortodoxas de la academia. En los bocetos de pequeño tamaño deja constancia de su dominio en el dibujo y en el pequeño toque de pincel.

“En pintura he dejado de lado las recetas porque la pintura es arte de criterio, de meditación, de observación y armonía... Elijo los temas que mejor reverberen el sentimiento colectivo, con lo que creo servir la percepción de todos, que es mi inclinación como pintor...”

Cuando en 1877 pinta el Juramento de los 33 Orientales siente que está cumpliendo con ese alto contenido moral que a su juicio debe tener la tarea del pintor. Trata de construir a través de imágenes las metas de una nación nueva que necesita consolidar su historia y su integración como sociedad.
Exhibido en el propio taller del artista en 1878, este cuadro fue visitado por miles de personas que se sintieron transportadas al escenario del desembarco e identificadas con sus compatriotas y familiares allí representados.

Cumplió la función de un medio de comunicación masivo para la cultura visual de la época. Algo similar había sucedido en Buenos Aires cuando Blanes expuso allí su escena de la fiebre amarilla, una peste que azotó esa ciudad en 1871. El espectador fue atraído multitudinariamente y ubicado en el interior de un desastre doméstico. La iluminación resalta a contra luz a los héroes civiles que murieron sirviendo en la Comisión de Salubridad. También en este caso, un estudio preparatorio pone de manifiesto la tensión expresiva que Blanes era capaz de crear en sus bocetos.

El paisaje, si bien no era uno de aquellos grandes temas que atraían a Blanes, era el continente de la vida rural. Una vida que era necesaria domesticar para convertirla en afirmación telúrica de la nacionalidad.
Blanes, así como reconstruye detalles y ambientes históricos con fidelidad obsesiva, también idealiza los hechos y personajes de acuerdo con lo que él considera la finalidad moral y ejemplarizante del arte. Cuando caracteriza el gaucho, por ejemplo, no lo muestra como perseguido y marginado social en ese momento, ni lo muestra tampoco como héroe de un caudillismo revolucionario que se trataba de olvidar. Lo describe como un atractivo personaje exótico, inocuo, florido y lo hace con minuciosa soltura de pintor.
Si bien pintó cuadros convencionales dentro de la tradición alegórica del arte europeo, también hizo alegorías cuando describió ciertos episodios de la historia regional.

Dado que su moral como pintor es una moral política, una búsqueda del espectáculo aleccionador, su pintura es pintura de ideas y muchos de sus cuadros pueden ser interpretados como alegorías de apariencia naturalista.
Cuando Blanes muere en la ciudad de Pizza, Italia, en 1901, estaba naciendo en Uruguay una corriente de artistas modernistas con otro concepto de la misión del pintor. Esto hizo que la figura de aquel maestro perdurara al margen de la pintura misma como constructor de la imagen nacional en los momentos más difíciles de nuestra formación republicana.

Se institucionaliza su retrato imaginario de Artigas, se le dedican libros, se crea un museo con su nombre. Reproducciones de sus pinturas ilustran los cuadernos escolares, los billetes de banco, las oficinas públicas.
Sin embargo su obra espera todavía ser revalorada desde la óptica de este fin de siglo, cuando es otro el poder de las imágenes, otra la ética del artista y otra la crisis histórica de nuestras nacionalidades.

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Si deseas adquirir el video - color duración 12 minutos - puedes hacerlo en la
Librería del Museo Blanes de martes a domingos de 14 a 18 horas
Millán 4015 - Prado de Montevideo - Teléfonos: 336 2248 / 336 7134.
Precio: 95 pesos uruguayos.

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